Elinor Ostrom in memoriam. Paco Puche
Hace unos días ha muerto Elinor Ostrom, hace unos meses falleció Lyn Margulis. Ambas son unas personas esenciales para el futuro de la humanidad, si es que la humanidad va a tener algún futuro.”
Hace unos días ha muerto Elinor Ostrom, hace unos meses falleció Lyn Margulis.
La Ostrom fue nombrada premio Nobel de economía en 2009, la primera mujer que recibía este galardón, la segunda no lo recibió pero mereció tenerlo, si es que los premios pueden resaltar algo la talla de estas dos mujeres. Ambas son unas personas esenciales para el futuro de la humanidad, si es que la humanidad va a tener algún futuro.
Por el camino que los grandes poderes (instituciones, empresas, fundaciones filantrocapitalistas e individuos) se están marcando en la cumbre de Río+20, no hay futuro que valga. Es un porvenir que trata de cercenar los bienes comunes siendo la ruta la de aquel biólogo, Garret Hardin, que en 1968 profetizaba que la existencia de bienes comunes conduce a su extinción, por el egoísmo y la competitividad propia de la naturaleza humana. Por tanto, concluía, todo ha de ser privatizado (o en algún caso público), y ese es el camino de la llamada “economía verde” que se trata de implantar en Río: el de la valoración monetaria de la naturaleza, su apropiación (normalmente por poderosas multinacionales) y su venta
Ostrom estudió a fondo el gobierno de los bienes comunes y llegó a conclusiones deslumbrantes, heterodoxas, antineoliberales. Por eso su obra cumbre, El gobierno de los bienes comunes, aparecida en México en el año 2000 no ha sido reeditada hasta 2011 en el mismo país. Y en España, con una flamante industria editorial, no se ha editado nada de ella, ni apenas sobre ella.
Y es que estas dos mujeres han mostrado la falacia de la antropología del capitalismo. Margulis nos demuestra que desde las bacterias hasta los animales superiores los fenómenos de simbiosis (más o menos mutualista) dominan sobre los de lucha y competencia. Por eso una economía que predica el individualismo, la competitividad y la máxima ganancia o satisfacción está anclada en las ideas el siglo XIX, como no se cansa de repetir José Luís Sampedro. Si queremos imitar a la naturaleza, que es sabia porque lleva 3.500 millones de años probando y adaptándose, es necesario organizar la búsqueda del sustento en sus dimensiones materiales e inmateriales (la economía) en base a la cooperación, al mutualismo y a la modestia.
Ostrom lo que ha venido a ratificar es que la existencia de bienes comunes, su uso y gobierno es perfectamente posible. En una entrevista que se publicaba con motivo del Nobel decía: “Hemos estudiado varios cientos de sistemas de irrigación en el Nepal. Y sabemos que los sistemas de irrigación gestionados por los campesinos son más eficaces en términos de aprovisionamiento de agua y presentan una mayor productividad que los fabulosos sistemas de irrigación construidos con la ayuda del Banco Mundial y la Agencia Norteamericana de Ayuda al desarrollo (USAID), etc. Así, sabemos que muchos grupos locales son muy eficaces”.
Pero no solo se dan estos éxitos de gestión de bienes comunes en muchas experiencias recientes, sino que lo más llamativo son las múltiples experiencias que llevan cientos de años funcionando bien. Tal es el caso de la aldea de Törbel, en la región alpina de Suiza, con 600 habitantes y que gestiona los bienes comunes desde 1225. Estos afectan al 80% del territorio y en ellos coexiste la propiedad privada con la comunal, estando esta última en régimen de autogestión. Para evitar desigualdades, readjudican los derechos de pastoreo cada 10 años.
El caso de Filipinas, con las comunidades de riego, también es de larga duración. Hay noticias de su existencia desde 1630; en 1979 aún quedaban 686 sistemas de estos riegos en comunidad. Los comuneros reunidos en asamblea hacen sus reglas, específicas para cada lugar, eligen sus funcionarios, cuidan sus canales y deciden las contribuciones de trabajo para la colectividad de cada uno de los comuneros. Constataba Ostrom que “aún no se ha encontrado un ejemplo de un bien común que haya sufrido un deterioro ecológico cuando todavía era común”.
“Las instituciones que descansan sobre el concepto de ‘propiedad común’ han jugado un papel socialmente beneficioso desde la prehistoria económica hasta nuestros días”, por ello lo que se desprende por razones históricas y sistémicas es que el “ejercicio total de la propiedad privada es en la actualidad virtualmente imposible en un contexto de ecosistemas” , como nos recuerda Aguilera Klink en la obra reseñada.
La clave está en la respuesta social a la pregunta que nos hace Federico Aguilera, uno de los pocos economistas patrios que ha reconocido como merece a la Ostrom, y que dice así: “¿Tendremos alguna vez la inteligencia (intelecto más afecto) para atrevernos a pensar y actuar en términos de Recursos de Propiedad Comunal Planetaria, tal como lo hacen muchas culturas “pobres y atrasadas” como muestra Ostrom desde hace tiempo?”
Por ahí va un futuro con “futuro”: de la mano amorosa de estas dos lumbreras:
Lyn Margulis y Elinor Ostrom.
Elinor Ostron y Lyn Margulis.
Que en su merecido descanso no dejen de iluminarnos.
Notas:
1- Puche, P. (2011), “Lyn Margulis” en EcoPortal
2- Puche.P. (20119 “El pelíkano ciego. Acerca de los bienes comunes”, El Observador, 14 de julio En Revista El Observador
3- Aguilera, F., coord. (1992), La economía del agua, Ministerio de Agricultura. pp.364 y 368
4- Aguilera, F. (2009), “Una nota sobre la Nóbel de Economía Elinor Ostrom”, en Revista de Economía Crítica, nº 8, segundo semestre, p 7
Publicado originalmente en: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/72383
Decía en 1973 Galbraith, un lúcido economista de origen canadiense, que “Adam Smith es demasiado sabio y entretenido para relegarlo entre los conservadores, pocos de los cuales lo han leído alguna vez” (Anales de un liberal impenitente). El problema es que parece que tampoco lo han leído los que dicen no ser conservadores y así, en mi opinión, nos estamos perdiendo a una persona cuyas lúcidas y atinadas reflexiones nos podrían ayudar a entender mejor qué es lo que está pasando a la vez que disfrutar de su lectura. Además, Adam Smith prestaba atención a las motivaciones que podían explicar el comportamiento de las personas, no tratando de etiquetarlas sino de entenderlas para poder comprender mejor en qué tipo de sociedad se encuentra uno y qué podemos esperar de nosotros y de los demás. Para empezar, y frente al cliché de que defendía el egoísmo cómo motivo fundamental del comportamiento humano, creo que merece la pena destacar algunos párrafos de su Teoría de los sentimientos morales, publicada originalmente en 1759.
El ser humano: egoísmo y compasión
Así, en la primera página de este libro escribe, “Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla. Tal es el caso de la lástima o la compasión, la emoción que sentimos ante la desgracia ajena cuando la vemos o cuando nos la hacen concebir de forma muy vívida (…) este sentimiento (…) no se halla en absoluto circunscrito a las personas más virtuosas y humanitarias (…) no se halla desprovisto de él totalmente ni el mayor malhechor ni el más brutal violador de las leyes de la sociedad (…) Como carecemos de la experiencia inmediata de lo que sienten las otras personas, no podemos hacernos ninguna idea de la manera en que se ven afectadas, salvo que pensemos cómo nos sentiríamos nosotros en su misma situación (…) nos vemos afectados por lo que siente la persona que sufre, al ponernos en su lugar”.
Es muy interesante ver que estas reflexiones intuitivas basadas en la observación y hechas hace más de dos siglos coinciden, básicamente, con lo que actualmente se sabe sobre el comportamiento humano. Así, Frans de Waal, en El mono que llevamos dentro (2005) defiende que somos “monos bipolares” y que “la visión que nos retrata como egoístas y mezquinos, con una moralidad ilusoria, debe revisarse. Si somos esencialmente antropoides (…) o al menos descendientes de antropoides, entonces nacemos con una gama de tendencias, desde las más básicas hasta las más nobles. Lejos de ser un producto de la imaginación, nuestra moralidad es el resultado del mismo proceso de selección que conformó nuestro lado competitivo y agresivo”.
Por eso, somos egoístas y, a la vez, compasivos. Y por eso, Smith estudia el egoísmo y también la compasión o la empatía. Es decir, la capacidad de ponernos en el lugar de los demás es una de las cuestiones a las que Smith le dedica una gran atención, llegando a precisar que hay otro sistema que “intenta explicar el origen de nuestros sentimientos morales a través de la compasión pero que es diferente del que he procurado exponer ya que defiende que la virtud consiste en la utilidad”.
Economía, justicia y prudencia
Es decir, Smith se desmarca de la utilidad como base de un comportamiento virtuoso o deseable e insiste en que “el hombre prudente mejora lo propio sólo cuando no afecta injustamente a los demás”, haciendo de la justicia la base de todo el sistema. Por eso llega a afirmar que “en la carrera hacia la riqueza…él podrá correr con todas sus fuerzas (…) Pero si empuja o derriba a alguno, la indulgencia de los espectadores se esfuma. Se trata de una violación del juego limpio, que no podrán aceptar (…) la sociedad nunca puede subsistir entre quienes están constantemente prestos a herir y dañar a otros (…) La beneficiencia, por tanto, es menos esencial para la existencia de la sociedad que la justicia. La sociedad puede mantenerse sin beneficiencia, aunque no es la situación más confortable; pero si prevalece la injusticia, su destrucción será completa (…) La beneficiencia…es el adorno que embellece el edificio….La justicia, en cambio, es el pilar fundamental en el que se apoya todo el edificio. Si desaparece, entonces el inmenso tejido de la sociedad humana…en un momento será pulverizada en átomos”. Esta distinción entre benevolencia, o caridad, y justicia es, desde mi punto de vista, de una gran relevancia en un momento en el que se ha definido a la familia como una ONG y en el que parece que la “solidaridad” está muy bien para “tapar” u ocultar la injusticia intrínseca a un sistema económico y la injusticia de una situación definida como crisis pero que en un lenguaje más preciso no es nada más que un saqueo de lo público y de los derechos sociales y humanos por parte de los empresarios, algo que tampoco es ajeno a lo que ya observaba Adam Smith en su época. La diferencia consiste en que ahora se utiliza una supuesta situación “democrática” para “legitimar” el citado saqueo, “por el bien de todos”.
Los efectos dañinos de los beneficios elevados
Quizás sea esa insistencia en la importancia de los “sentimientos morales” y su enojo con el comportamiento de los empresarios la que le hace expresarse con una virulencia que, desde mi punto de vista, refleja la enorme lucidez que no se ha querido ver en el Smith “etiquetado” como el “inventor” de la mano invisible. En este sentido sus reflexiones sobre el comportamiento de los empresarios, recogidas en La riqueza de las naciones, publicado en 1776, son antológicas y de una enorme actualidad. Por ejemplo, es poco conocida su crítica a los empresarios por quejarse éstos habitualmente de que la economía vaya mal debido, según ellos, a los altos salarios, excusa que se sigue repitiendo una y otra vez en una situación cuya causa original nada tiene que ver con salarios elevados, por lo que no están dispuestos a reconocer que los elevados beneficios pueden ser un problema más serio. “Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los altos salarios, porque suben los precios y por ello restringen la venta de sus bienes en el país y en el exterior. Nada dicen de los efectos dañinos de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre las consecuencias perniciosas de sus propias ganancias”.
¿Les suena esto? Parece muy apropiado para contextualizar las recientes reformas laborales, incluida la de Zapatero. De hecho, da la impresión de que no es necesario saber nada de economía pues, sea cual sea la causa del problema a resolver, la solución impuesta por los diferentes gobiernos (da igual que sea el PSOE, el PP o las posibles combinaciones de cualquiera de ellos con los partidos llamados nacionalistas) siempre consiste en bajar los salarios y las pensiones. ¿A qué gobierno le interesa debatir y profundizar honestamente sobre las causas del saqueo pudiendo bajar salarios y pensiones?
El control de los salarios (y del Parlamento) por los empresarios
¿Y cómo se forman los salarios? ¿Tienen algo que ver con la productividad? No es eso lo que parece pensar Smith pues “los patronos están siempre y en todo lugar en una especie de acuerdo, tácito pero constante y uniforme, para no elevar los salarios sobre la tasa que existe en cada momento. Violar este concierto es en todo lugar el acto más impopular, y expone al patrono que lo comete al reproche entre sus vecinos y sus pares. Es verdad que rara vez oímos hablar de este acuerdo, porque es el estado de cosas usual, y uno podría decir natural, del que nadie oye hablar jamás (…) Los patronos a veces entran en uniones particulares para hundir los salarios por debajo de esa tasa. Se urden siempre con el máximo silencio y secreto hasta el momento de su ejecución, y cuando los obreros, como a veces ocurre, se someten sin resistencia, pasan completamente desapercibidas.”
Por otro lado, sabe que el Parlamento está al servicio de los empresarios. “Los trabajadores desean conseguir tanto, y los patronos entregar tan poco, como sea posible. No resulta difícil prever cuál de las dos partes se impondrá habitualmente en la puja, y forzará a la otra a aceptar sus condiciones. Los patronos, al ser menos, pueden asociarse con más facilidad; y la ley, además, autoriza o al menos no prohíbe sus asociaciones, pero sí prohíbe las de los trabajadores (…) No tenemos leyes del Parlamento contra las uniones que pretenden rebajar el precio del trabajo; pero hay muchas contra las uniones que aspiran a subirlo (…) Además, en todos estos conflictos los patronos pueden resistir durante mucho más tiempo”.
Los intereses empresariales, las reglas y los intereses sociales
Y tampoco quedan muchas dudas sobre lo que según él podemos esperar de las regulaciones y leyes propuestas por los empresarios como hipotéticos interesados en el bien común. Al contrario, lo habitual es esperar de ellos engaños y opresión. En una sabia viñeta de El Roto, un político le dice a otro: “Ya no se creen las mentiras“ y el otro le contesta: “Así no se puede gobernar”. Y, efectivamente, Smith escribió: “ Cualquier propuesta de una nueva ley o regulación comercial que venga de esta categoría de personas (los empresarios) debe siempre ser considerada con la máxima precaución, y nunca debe ser adoptada sino después de una investigación prolongada y cuidadosa, desarrollada no sólo con la atención más escrupulosa, sino también con el máximo recelo. Porque provendrá de una clase de hombres cuyos intereses nunca coinciden exactamente con los de la sociedad, que tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y que de hecho la han engañado y oprimido en numerosas oportunidades”. Más claro parece que no se puede decir y, sin embargo, en Lecciones de jurisprudencia, que constituyen los apuntes tomados por uno de sus estudiantes en el curso 1762/63, llega a afirmar de manera más contundente aún, y posiblemente siguiendo a Tomás Moro en la parte final de su Utopía, que “las leyes y el gobierno pueden ser considerados…, en todos los casos, como una coalición de los ricos para oprimir a los pobres y mantener en su provecho la desigualdad de bienes que, de otra forma, no tardaría en ser destruida por los ataques de los pobres”.
Desde luego estas citas no se corresponden con el Adam Smith que se “despacha” como ese supuesto acérrimo defensor del supuesto mercado libre que, supuestamente, guiaba la mano invisible. Como decía Galbraith refiriéndose a Smith, “pocos escritores jamás, y ciertamente ningún economista desde entonces, han sido tan divertidos, lúcidos o ricos en recursos, o, según el caso, tan devastadores (…) Con su desprecio por los subterfugios teóricos y su vivo interés por las cuestiones prácticas, hubiera tenido dificultades para obtener una cátedra con titularidad plena en una universidad moderna de primer rango”. Por eso animo a leerlo, a disfrutar de su sabiduría y a no dejárselo a aquellos que lo manipulan, bien despreciándolo o bien apropiándoselo, eso sí, sin haberlo leído en ningún caso.
Economía del Bien Común. Christian Fellber
Christian Fellber nos propone un cambio de paradigma, mejorar nuestras relacioner interhumanas, cambiar nuestros comportamientos a partir de la modificación de valores, metas y objetivos personales. Tenemos que medir lo que realmente vale y hacer un “balance del bien común”. Éste mide cómo una empresa responde a las necesidades básicas de una sociedad que permite que se creen empresas. En el balance tiene 5 elementos la dignidad, sustentibilidad, solidaridad, justicia social y democracia; todos ellos están recogidos en las constituciones occidentales por tanto no son nada nuevo, lo que se propone es establecer cohenrecia entre los valores y las normas que compartimos. Recomendable consultar el enlace al video.
Debate Jordi Roca y Alejandro Nadal
“Teoria econòmica, ecologia i política d’esquerres”
Lloc: Facultat de Geografia i Història 2n pis
Proposem un debat als dos ponents arrel del debat publicat a la revista Sin Permiso n. 10 (Desembre 2011):
A. Nadal: El dinero es importante, señor Daly: sobre la debilidad teórica de la economía ecológica
J. Roca: Alejandro Nadal sobre la economía ecológica. Una réplica
A. Nadal: Los problemas de la economía ecológica. Parte I: respuesta a Jordi Roca
A.Nadal: La “escuela de economía ecológica” y el legado apolítico de la teoría económica neoclásica
Alejandro Nadal és doctor en economia, professor del Colegio de México, col.laborador habitual del diari
mexicà La Jornada i membre del consell editorial de Sin Permiso. Acaba de publicar un llibre en el que exposa una crítica de les insuficiències científiques i polítiques de l’anomenada “Escola ecològica de l’economia” (Rethinking Macroeconomics for Sustainability, Zed Books, Londres, 2011).
Jordi Roca és catedràtic del Departament de Teoria Econòmica de la Universitat de Barcelona, membre del consell de redacció de la Revista de Economía Crítica (http://revistaeconomiacritica.org/), de la International Society for Ecological Economics i de la Asociación de Economía Ecológica en España. Coautor (amb Joan Martínez Alier) de Economía ecológica y política ambiental (Fondo de Cultura Económ ica, México, primera edició 2000).
Máxima indignación en Harvard: Los alumnos de la cátedra de Introducción a la Economía de la Universidad Harvard exigen nuevas perspectivas académicas.
Un día después de oír a Mariano decir que está legitimado para hacer los cambios (con menos votos de los que tuvo el PSOE en las últimas elecciones), un día después de oir a Durán i Lleida decir que los Catalanes han apoyado los recortes, cuando CIU ha tenido 200000 votos menos que el año pasado (las maravillas de la abstención)…
He visto la luz…
Os dejo el articulo original. El profesor de esta cátedra es Mankiw…
El silencio sobre el amianto. Vicenç Navarro
El amianto es una de las sustancias más tóxicas existentes hoy en el mundo. Lo que lo hace especialmente peligroso es que, tal como ocurre también con los elementos radiactivos, es un producto invisible, incoloro, inodoro e insípido. Cantidades pequeñísimas, como un gramo de exposición a esa sustancia, pueden matar a un ser humano. Su elevada toxicidad es conocida desde finales del siglo XIX (1889). A pesar de ello, ha sido utilizado ampliamente en varios sectores de la industria, desde la construcción a la industria automovilística y de aparatos electrodomésticos. Su gran resistencia al calor le hace un producto de múltiple utilidad, estando ampliamente extendido en el ambiente y en los productos de consumo de las sociedades de avanzado desarrollo económico. Se encuentra en casi todas partes.
La toxicidad afecta primordialmente, pero no exclusivamente, a los trabajadores de amianto, aun cuando la volatilidad y la fácil movilidad del producto (microfibras fácilmente movibles por el viento y otras circunstancias) hacen que la exposición de tal producto afecte también a los familiares y vecinos de los trabajadores del amianto, sin excluir la exposición de la ciudadanía a tal sustancia en productos de uso cotidiano. El 29% de pacientes enfermos debido al amianto no son trabajadores del amianto, sino individuos que han adquirido las enfermedades producidas por esta sustancia por exposición familiar o ambiental.
¿Cómo puede ser que una sustancia tan tóxica haya sido utilizada tan ampliamente, sabiendo desde hace más de un siglo de su elevada toxicidad? La respuesta cae en la categoría de cómo el poder económico se traduce en poder político en nuestras sociedades. El caso de la producción y distribución del amianto es un estudio ilustrativo de cómo la democracia es enormemente limitada cuando el poder económico (el gran mundo empresarial) influencia el poder político, ya sea directa o indirectamente. En el primer caso –influencia directa–, el mundo empresarial compra directamente al mundo político imponiendo todo tipo de presiones para que continúe la extracción, uso y comercialización del producto. Pero su influencia es también indirecta sobre los estados a través de su influencia en la comunidad científica. Las empresas del amianto financian grandes grupos de investigación (algunos en centros académicos), que durante muchos años negaron que tal sustancia fuera tóxica. Más tarde, cuando la evidencia era extensa y contundente, cambiaron sus posturas aceptando que era letal, pero enfatizaron que dejaba de serlo si el trabajador y su entorno tomaban las precauciones necesarias. Estas precauciones, sin embargo, resultaron ser insuficientes. Por fin, la presión popular forzó su prohibición, tanto de su producción como de su utilización. Casi cien años después de que se descubriera en Reino Unido que el amianto era una sustancia tóxica, fue prohibida en aquel país. En España no se prohibió hasta 2002. En realidad, la ausencia de instituciones democráticas en gran parte de nuestra historia, y la debilidad de tales instituciones cuando han existido, explica que la situación creada por la amplia utilización del amianto haya sido peor en España que en otros países de la Unión Europea.
El amianto se conoce en España como uralita, debido a la preponderancia de una sola empresa, Uralita, S.A., en la producción y distribución de ese material. Cuando se estableció tal empresa en los años veinte del siglo pasado ya se conocía la letalidad de tal sustancia, lo cual no fue obstáculo para que continuara produciéndose y utilizándose extensamente, alcanzando su máximo desarrollo durante la última etapa de la dictadura (1965-1978) y un largo periodo después del establecimiento de la democracia (1978-1995). Propiedad de la familia March (que financió el golpe militar de 1936), no tuvo ningún tipo de regulación o control. Antes al contrario, recibió todo tipo de ayudas y protecciones del Estado. Tal industria (y también la banca) convirtieron a la familia March en la séptima fortuna del mundo. Como señalan Ángel Cárcoba, Francisco Báez y Paco Puche en su detallado y excelente informe El amianto en España: estado de la cuestión (del cual extraigo la mayoría de los datos presentados en este artículo), la producción y utilización del amianto y las dictaduras han ido siempre juntas. La mayor productora de amianto del mundo fue la empresa suiza Schmidheiny, que colaboró activamente con el nazismo, con el apartheid sudafricano, con la dictadura de Somoza en Nicaragua y con la dictadura española.
Debido al largo periodo de latencia, las enfermedades causadas por el amianto (asbestosis, cánceres de bronquios y de pulmón y mesotelioma pleural) aparecen hasta 30 o 40 años después de la exposición. Como siempre ocurre con las enfermedades ocupacionales, el subregistro es un gravísimo problema y las Mutuas Patronales de Accidentes y Enfermedades Laborales han tratado por todos los medios de que no fueran definidas como enfermedades laborales. Por otro lado, la visibilidad del problema en los medios de difusión ha sido mínima. El tema del amianto ha aparecido en la BBC inglesa 234 veces durante el periodo de 1998 a 2009, mientras que en la radiotelevisión pública española, sólo siete veces en el periodo de 1984 a 2009. 80.000 muertos en España están pasando desapercibidos en los medios.
El cinismo (y no hay otra manera de definirlo) de la industria del amianto se refleja en sus campañas de relaciones públicas. La citada empresa Schmidheiny y la multinacional Eternit financian muchas ONG en España y en Latinoamérica, aliándose con Ashoka (nominada para el Príncipe de Asturias y que pertenece a la banca JP Morgan) para “ayudar a los pobres”. Uralita hace lo mismo. Según Europa Press (26-01-09): “Enseña a niños de los países europeos a respetar la naturaleza y entender cambios climáticos”. No citan que probablemente las escuelas a las que asisten tales niños estén llenas de amianto.Feunte
FUENTE: http://blogs.publico.es/dominiopublico/4205/el-silencio-sobre-el-amianto/
El Puerto de Granadilla en Tenerife: una burla a la democracia y a la razón argumentada. Federico Aguilera Klink
En 1516, Tomás Moro escribió el libro titulado Utopía. Al final del mismo reconoce que ha “descrito el ordenamiento de una república que es la única que, por derecho propio puede recabar para sí el nombre de república” y sigue reflexionando sobre la sociedad de su tiempo, “Por eso, cuando contemplo y medito sobre todas esas repúblicas que hoy florecen por ahí, no se me antojan otra cosa, séame Dios propicio, que una especie de conspiración de los ricos que tratan de sus intereses bajo el nombre y título de república. Y discurren e inventan todos los modos y artes para retener sin riesgo de perderlo lo que apañaron con malas artes (…) para adquirirlo al más bajo costo con el trabajo y fatigas de todos los pobres y para aprovecharse de éstos. Estas maquinaciones, tan pronto como los ricos han decretado que se observen en nombre del pueblo, es decir, también de los pobres, pasan ya a ser leyes”. Y termina considerando a los ricos como “…estos hombres funestísimos, que lo que sería suficiente para todos se lo reparten todo entre ellos con insaciable codicia”. No se inventa estos calificativos. Tomás Moro fue abogado y representó y defendió en varias ocasiones los intereses de los comerciantes londinenses. Sabía muy bien de quién hablaba. A la vista de cómo deciden actualmente estos hombres, y mujeres, funestísimos, no se puede decir que hayamos avanzado mucho
Vamos a ver cómo funciona nuestra “república” canaria. El inicio de las obras del Puerto de Granadilla constituye la culminación de todo un proceso dirigido por unos políticos y empresarios (funestísimos) que llevan años burlándose de las personas y de las instituciones que, supuestamente, deberían de funcionar en una democracia con un mínimo de calidad.
Por eso, mentira tras mentira han ido construyendo una trama cuyo resultado visible es el inicio de las citadas obras pero que, por encima de todo, elimina toda credibilidad democrática de los partidos políticos que están actualmente en el gobierno y de los que han pasado por él, en Canarias y en Madrid, sin excluir a Bruselas, que les legitima y les ríe las burlas.
Después de afirmar que era necesario ampliar el Puerto de Santa Cruz porque, supuestamente, se iba a saturar antes del 2008 y porque no se podía ampliar, según afirma el Decreto del Gobierno de Canarias de 6 de Mayo de 2002, el Puerto de Santa Cruz se está ampliando con fondos europeos y, además, su uso es inferior al que tenía en 2002.
Todas las excusas que iba dando el Gobierno de Canarias se ha ido demostrando que eran erróneas, por decirlo suavemente. Ni una sola de ellas se ha visto que era cierta. Ni la saturación, ni la imposible ampliación, ni la declaración de interés público de primer orden por imperiosas razones de índole social y económica (que no se documentan), ni la instalación del gas (que es más ecológico, dicen, pero no lo demuestran). Nada.
Ni el Gobierno de Canarias ni los defensores del Puerto de Granadilla han aceptado públicamente contrastar sus argumentos. No lo han hecho porque no tienen ningún argumento válido que presentar. Por eso han tenido que llegar a la descatalogación de las especies protegidas para empezar las obras, puesto que no les quedaba ya ninguna excusa que inventar. El que el gobierno de Zapatero haya aceptado la descatalogación a cambio de un plato de lentejas, estar en el gobierno unos meses más, con el apoyo de Coalición Canaria, es un buen indicador de la importancia que prestan los gobiernos a una democracia digna y a su preocupación por la gestión del medio ambiente y de los recursos naturales
¿Qué es lo que hay posiblemente detrás del Puerto de Granadilla? Lo más probable es la realización de suculentos negocios privados con fondos públicos, que es como suele funcionar este capitalismo privado subvencionado con lo público, que luego se queja (me imagino que partiéndose de risa) de que el sector público es ineficiente y de que es necesario recortarlo para que ellos puedan seguir obteniendo ayudas y desgravaciones o regalos fiscales, de miles de millones de euros, tales como la RIC y la PAC. No se olvide que ya Adam Smith, ese economista que muchos empresarios citan sin haber leído, escribía en 1783 algo que no les hace mucha gracia y es que “La reglamentación del comercio siempre es un engaño, mediante el que los intereses del estado y de la nación se sacrifican en beneficio de una clase particular de comerciantes”. Ya saben, donde pone comerciantes póngase empresarios de una clase particular. También Adam Smith sabía de qué hablaba, conocía bien el capitalismo mercantil.
¿Qué puede haber más allá de estos negocios? Quizás la instalación de una base dela OTAN, como ya anunció el empresario Juan Verde hace algunos años, aunque no especificó en qué sitio de Canarias se iba a construir. Esta posibilidad es bastante verosímil puesto que no hay, que yo sepa, ni un solo político de los partidos mayoritarios, ni tampoco de los partidos bisagras, que haya hecho alguna manifestación sobre este tema. Dicho de otra manera, el silencio (o la conspiración de silencio) puede delatar que sabían también de la posible construcción de la base dela OTAN.Despuésdel silencio de Zapatero sobre el escudo antimisiles de Rota, parece que “la mudez” sobre un tema puede significar que va adelante. Buena trayectoria, por otra parte, la que va de la retirada de las tropas de Irak en2004 ala reciente autorización del escudo antimisiles en Rota.
En el año 2004, recién nombrada Ministra de Medio Ambiente del Gobierno de Zapatero (que afirmó en ese año que “la gente quiere políticos que les digan la verdad”, y yo añado que ocho años después seguimos queriéndolos y buscándolos pero no están en su partido), Cristina Narbona escribió el prólogo al Informe Recursos Mundiales 2004. En él afirmaba lo siguiente. “La mala gestión de los recursos naturales (…) evidencia la diferencia, en muchos casos, entre la democracia y un sistema autoritario (…) provoca el desencuentro entre gobernantes y gobernados, degenerando en muchos casos, hacia una institucionalización de la corrupción (…) no hay mayor amenaza para el medio ambiente que la demagogia, es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de datos y decisiones, la manipulación interesada de la situación real de los recursos naturales y de las alternativas que existen para explotarlos adecuadamente (…) los políticos jugamos un papel fundamental a la hora de elegir entre la demagogia o la transparencia. Por tanto, estamos obligados a gestionar de modo transparente, políticas realistas, equitativas, participativas y consensuadas”. Narbona es política desde hace muchos años, conoce el paño, su diagnóstico es acertado pues también sabe de lo que habla. Reconoce que la principal amenaza ambiental son ellos mismos.
¿Cómo calificar, entonces, la realidad en la que nos encontramos con el inicio de la construcción de un puerto innecesario, que no se justifica con argumentos honestos y que se hayan debatido públicamente, que no va a generar empleo, que va a generar un coste social y ambiental muy elevado y que, sea cual sea su hipotético uso futuro, las condiciones climáticas (los fuertes vientos dominantes en la zona) van a impedir un uso razonable del mismo?
Me parece que Cristina Narbona lo dice con mucha claridad. Simplemente, como una mala gestión de los recursos naturales, entre otras cosas, que degenera en una institucionalización de la corrupción. Por eso se puede afirmar que la principal amenaza para el medio ambiente (y también para la convivencia pacífica y razonable en este país) la constituyen “los políticos y empresarios insaciables”. Estos “hombres funestísimos”, como dice Moro, (pero también mujeres) “que discurren e inventan todos los modos y artes para retener sin riesgo de perderlo lo que apañaron con malas artes (…) para adquirirlo al más bajo costo con el trabajo y fatigas de todos los pobres y para aprovecharse de éstos”.
Ahora bien, ¿Por qué los políticos y empresarios funestísimos mienten tanto y se convierten en la principal amenaza para la democracia? El psiquiatra norteamericano Alexander Lowen, en su libro El Narcisismo nos da una pista. Considera que “Una característica de la personalidad psicopática es su tendencia a actuar de manera antisocial (…) Mienten, engañan, roban, incluso matan, sin que se vea en ellos signo alguno de culpabilidad o remordimiento.Se actúa sin sentimientos conscientes”. La clave está en si estas personas son o no conscientes de ese comportamiento. Si lo son no serían psicópatas, sino, simplemente, malvados, como aclara el psiquiatra español Alberto Fernández Liria, porque “empezamos a querer ver enfermos mentales donde sólo hay malvados y acabamos viendo malvados donde sólo hay enfermos mentales” (No hay enfermedad. El País, 30.4.2008).
Así es que la pregunta clave sería si estos hombres y mujeres funestísimos son malvados o psicópatas, es decir, ¿saben lo que hacen? (mi respuesta es que sí) o no son conscientes de ello. Cada lector puede dar su propia respuesta. Todos ellos y ellas son conocidos. Leemos sus declaraciones en los medios de comunicación y algunos incluso trabajan con ellos. Vemos los comportamientos cuyas características describe Lowen desde hace años y, además, mantienen el delirio, o la farsa, de que esto es una democracia y de que ellos son los representantes democráticos legítimos.
Desde luego, seguir llamando democracia a esta situación y esperar de esta gente alguna decisión razonablemente democrática y que beneficie al interés público y a la mayoría de los ciudadanos, en lugar de a los empresarios poderosos o de una clase particular, no es nada más que una peligrosa ilusión que nos puede llevar al desastre. Sólo podemos esperar de ellos, y de ellas, más y más sufrimiento y mentiras. Como dice uno de los personajes de El Roto: “Os bajaremos los sueldos, os quitaremos derechos, nos llevaremos la pasta y además nos votareis”. Ese es el futuro que nos espera. A menos que despertemos. Todavía estamos a tiempo.
Federico Aguilera Klink es Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna


