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La batalla por Harvard o cómo la Economía se convirtió en la Economía.

1 julio, 2014

La innovación se nutre de la diversidad, pero la diversidad es escasa en Economía. Un episodio poco conocido en la historia de la disciplina, recordado por Tiago Mata en un su tesis doctoral presentada en la London School of Economics,revela cómo se mató la diversidad en Economía. Por Giorgos Kallis.

http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n17/10_GiorgosKallis_LaBatallaPorHarvard.pdf

 

Pudimos

28 mayo, 2014

“Podemos”, en el contexto en que nos movemos, no se refiere a la conquista del Poder y a su implantación jerárquica, se refiere a la posibilidad de conquistar la democracia radical en connivencia con la gente para ir, ahora sí, implantando la justicia social, las igualdades básicas, la erradicación de las pobrezas extremas por medio de la renta mínima garantizada, la desaparición de las cúpulas burocráticas ensillonadas, la erradicación de la guerra y la congruencia con los ecosistemas. Se trata de una lucha claramente anticapitalista y de una orientación ecosocialista, feminista y libertaria.

El artículo completo de Paco Puche lo podeis encontrar en rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185210

 

El trabajo académico, el asalto neoliberal a las universidades y cómo debería ser la educación superior

16 marzo, 2014

El siguiente artículo es una traducción castellana de una transcripción editada en inglés de un conjunto de observaciones realizadas por Noam Chomsky vía Skype el pasado 4 de febrero para una reunión de afiliados y simpatizantes del sindicato universitario asociado a la Unión de Trabajadores del Acero (Adjunct Faculty Association of the United Steelworkers) en Pittsburgh, PA. Las manifestaciones del profesor Chomsky se produjeron en respuesta a preguntas de  Robin Clarke, Adam Davis, David Hoinski, Maria Somma, Robin J. Sowards, Matthew Ussia y Joshua Zelesnick. La transcripción escrita de las respuestas orales la realizó Robin J. Sowards y la edición y redacción corrió a cargo del propio Noam Chomsky.El artículo completo se puede consultar en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181563&titular=el-trabajo-acad%E9mico-el-asalto-neoliberal-a-las-universidades-y-c%F3mo-deber%EDa-ser-la-educaci%F3n-

Destacamos aquí uno de los últimos párrafos del artículo, como ejemplo de lo que debería ser el propósito de la educación..

Sobre el propósito de la educación

Se trata de debates que se retrotraen a la Ilustración, cuando se plantearon realmente las cuestiones de la educación superior y de la educación de masas, no sólo la educación para el clero y la aristocracia. Y hubo básicamente dos modelos en discusión en los siglos XVIII y XIX. Se discutieron con energía harto evocativa. Una imagen de la educación era la de un vaso que se llena, digamos, de agua. Es lo que ahora llamamos “enseñar para el examen”: viertes agua en el vaso y luego el vaso devuelve el agua. Pero es un vaso bastante agujereado, como todos hemos tenido ocasión de experimentar en la escuela: memorizas algo en lo que no tienes mucho interés para poder pasar un examen, y al cabo de una semana has olvidado de qué iba el curso. El modelo de vaso ahora se llama “ningún niño a la zaga”, “enseñar para el examen”, “carrera a la cumbre”, y cosas por el estilo en las distintas universidades. Los pensadores de la Ilustración se opusieron a ese modelo.

El otro modelo se describía como lanzar una cuerda por la que el estudiante pueda ir progresando a su manera y por propia iniciativa, tal vez sacudiendo la cuerda, tal vez decidiendo ir a otro sitio, tal vez planteando cuestiones. Lanzar la cuerda significa imponer cierto tipo de estructura. Así, un programa educativo, cualquiera que sea, un curso de física o de algo, no funciona como funciona cualquier otra cosa; tiene cierta estructura. Pero su objetivo consiste en que el estudiante adquiera la capacidad para inquirir, para crear, para innovar, para desafiar: eso es la educación. Un físico mundialmente célebre cuando, en sus cursos para primero de carrera, se le preguntaba “¿qué parte del programa cubriremos este semestre?”, contestaba: “no importa lo que cubramos, lo que importa es lo que descubráis vosotros”. Tenéis que ganar la capacidad y la autoconfianza en esta asignatura para desafiar y crear e innovar, y así aprenderéis; así haréis vuestro el material y seguir adelante. No es cosa de acumular una serie fijada de hechos que luego podáis soltar por escrito en un examen para olvidarlos al día siguiente.

Son dos modelos radicalmente distintos de educación. El ideal de la Ilustración era el segundo, y yo creo que el ideal al que deberíamos aspirar. En eso consiste la educación de verdad, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Lo cierto es que hay programas de ese tipo para los jardines de infancia, y bastante buenos.

2013: un año que consolida la lucha contra el filantrocapitalismo y las fundaciones del amianto y los transgénicos.

15 enero, 2014

Paco Puche nos recuerda que no se puede olvidar esta batalla. Nos va en ello la vida a las organizaciones alternativas. Es la astuta manera que adopta el capitalismo en todas sus épocas para confundir a los movimientos sociales de resistencia, intercalándose en sus filas. Lo hace vía cooptación de dirigentes y/o financiación aparentemente gratuita. Es el llamado “filantrocapitalismo”, que sigue muy activo. El artículo completo lo podeis encontrar en: http://www.rebelion.org/docs/179403.pdf

La escapada virtual

26 diciembre, 2013

“Lo que no sale en televisión no existe. La televisión inventa y legitima la realidad”….”Así como con la televisión se aprende la pasividad, con el vídeo juego se aprende la irrelevancia de la acción”  son algunas de las frases de este interesante artículo de Fernando Cembranos que aparece en el último número del Boletín ECOS, FUHEM Ecosocial.

La escapada virtual consiste en relacionarse, decidir y vivir pendiente de una pantalla. Resulta sintomático de un estilo de vida, el occidental, que cada vez está más alejado de la naturaleza y de la dimensión real de la vida. El autor señala un punto clave: mientras nos ocupamos más de las pantallas que del territorio, este va siendo progresivamente devastado y las relaciones comunitarias fragmentadas, debilitadas o desaparecidas.

El artículo lo podreis encontrar en: https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/25/la-escapada-virtual_F_CEMBRANOS.pdf

 

Elinor Ostrom in memoriam. Paco Puche

27 junio, 2012

Hace unos días ha muerto Elinor Ostrom, hace unos meses falleció Lyn Margulis. Ambas son unas personas esenciales para el futuro de la humanidad, si es que la humanidad va a tener algún futuro.”

Hace unos días ha muerto Elinor Ostrom, hace unos meses falleció Lyn Margulis.

La Ostrom fue nombrada premio Nobel de economía en 2009, la primera mujer que recibía este galardón, la segunda no lo recibió pero mereció tenerlo, si es que los premios pueden resaltar algo la talla de estas dos mujeres. Ambas son unas personas esenciales para el futuro de la humanidad, si es que la humanidad va a tener algún futuro.

Por el camino que los grandes poderes (instituciones, empresas, fundaciones filantrocapitalistas e individuos) se están marcando en la cumbre de Río+20, no hay futuro que valga. Es un porvenir que trata de cercenar los bienes comunes siendo la ruta la de aquel biólogo, Garret Hardin, que en 1968 profetizaba que la existencia de bienes comunes conduce a su extinción, por el egoísmo y la competitividad propia de la naturaleza humana. Por tanto, concluía, todo ha de ser privatizado (o en algún caso público), y ese es el camino de la llamada “economía verde” que se trata de implantar en Río: el de la valoración monetaria de la naturaleza, su apropiación (normalmente por poderosas multinacionales) y su venta

Ostrom estudió a fondo el gobierno de los bienes comunes y llegó a conclusiones deslumbrantes, heterodoxas, antineoliberales. Por eso su obra cumbre, El gobierno de los bienes comunes, aparecida en México en el año 2000 no ha sido reeditada hasta 2011 en el mismo país. Y en España, con una flamante industria editorial, no se ha editado nada de ella, ni apenas sobre ella.

Y es que estas dos mujeres han mostrado la falacia de la antropología del capitalismo. Margulis nos demuestra que desde las bacterias hasta los animales superiores los fenómenos de simbiosis (más o menos mutualista) dominan sobre los de lucha y competencia. Por eso una economía que predica el individualismo, la competitividad y la máxima ganancia o satisfacción está anclada en las ideas el siglo XIX, como no se cansa de repetir José Luís Sampedro. Si queremos imitar a la naturaleza, que es sabia porque lleva 3.500 millones de años probando y adaptándose, es necesario organizar la búsqueda del sustento en sus dimensiones materiales e inmateriales (la economía) en base a la cooperación, al mutualismo y a la modestia.

Ostrom lo que ha venido a ratificar es que la existencia de bienes comunes, su uso y gobierno es perfectamente posible. En una entrevista que se publicaba con motivo del Nobel decía: “Hemos estudiado varios cientos de sistemas de irrigación en el Nepal. Y sabemos que los sistemas de irrigación gestionados por los campesinos son más eficaces en términos de aprovisionamiento de agua y presentan una mayor productividad que los fabulosos sistemas de irrigación construidos con la ayuda del Banco Mundial y la Agencia Norteamericana de Ayuda al desarrollo (USAID), etc. Así, sabemos que muchos grupos locales son muy eficaces”.

Pero no solo se dan estos éxitos de gestión de bienes comunes en muchas experiencias recientes, sino que lo más llamativo son las múltiples experiencias que llevan cientos de años funcionando bien. Tal es el caso de la aldea de Törbel, en la región alpina de Suiza, con 600 habitantes y que gestiona los bienes comunes desde 1225. Estos afectan al 80% del territorio y en ellos coexiste la propiedad privada con la comunal, estando esta última en régimen de autogestión. Para evitar desigualdades, readjudican los derechos de pastoreo cada 10 años.

El caso de Filipinas, con las comunidades de riego, también es de larga duración. Hay noticias de su existencia desde 1630; en 1979 aún quedaban 686 sistemas de estos riegos en comunidad. Los comuneros reunidos en asamblea hacen sus reglas, específicas para cada lugar, eligen sus funcionarios, cuidan sus canales y deciden las contribuciones de trabajo para la colectividad de cada uno de los comuneros. Constataba Ostrom que “aún no se ha encontrado un ejemplo de un bien común que haya sufrido un deterioro ecológico cuando todavía era común”.

“Las instituciones que descansan sobre el concepto de ‘propiedad común’ han jugado un papel socialmente beneficioso desde la prehistoria económica hasta nuestros días”, por ello lo que se desprende por razones históricas y sistémicas es que el “ejercicio total de la propiedad privada es en la actualidad virtualmente imposible en un contexto de ecosistemas” , como nos recuerda Aguilera Klink en la obra reseñada.

La clave está en la respuesta social a la pregunta que nos hace Federico Aguilera, uno de los pocos economistas patrios que ha reconocido como merece a la Ostrom, y que dice así: “¿Tendremos alguna vez la inteligencia (intelecto más afecto) para atrevernos a pensar y actuar en términos de Recursos de Propiedad Comunal Planetaria, tal como lo hacen muchas culturas “pobres y atrasadas” como muestra Ostrom desde hace tiempo?”

Por ahí va un futuro con “futuro”: de la mano amorosa de estas dos lumbreras:

Lyn Margulis y Elinor Ostrom.

Elinor Ostron y Lyn Margulis.

Que en su merecido descanso no dejen de iluminarnos.

Notas:

1- Puche, P. (2011), “Lyn Margulis” en EcoPortal

2- Puche.P. (20119 “El pelíkano ciego. Acerca de los bienes comunes”, El Observador, 14 de julio En Revista El Observador

3- Aguilera, F., coord. (1992), La economía del agua, Ministerio de Agricultura. pp.364 y 368

4- Aguilera, F. (2009), “Una nota sobre la Nóbel de Economía Elinor Ostrom”, en Revista de Economía Crítica, nº 8, segundo semestre, p 7

Publicado originalmente en: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/72383

Leyendo a Adam Smith para entender la situación actual. Federico Aguilera Klink

1 marzo, 2012

Decía en 1973 Galbraith, un lúcido economista de origen canadiense, que “Adam Smith es demasiado sabio y entretenido para relegarlo entre los conservadores, pocos de los cuales lo han leído alguna vez” (Anales de un liberal impenitente). El problema es que parece que tampoco lo han leído los que dicen no ser conservadores y así, en mi opinión, nos estamos perdiendo a una persona cuyas lúcidas y atinadas reflexiones nos podrían ayudar a entender mejor qué es lo que está pasando a la vez que disfrutar de su lectura. Además, Adam Smith prestaba atención a las motivaciones que podían explicar el comportamiento de las personas, no tratando de etiquetarlas sino de entenderlas para poder comprender mejor en qué tipo de sociedad se encuentra uno y qué podemos esperar de nosotros y de los demás. Para empezar, y frente al cliché de que defendía el egoísmo cómo motivo fundamental del comportamiento humano, creo que merece la pena destacar algunos párrafos de su Teoría de los sentimientos morales, publicada originalmente en 1759.

El ser humano: egoísmo y compasión

Así, en la primera página de este libro escribe, “Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla. Tal es el caso de la lástima o la compasión, la emoción que sentimos ante la desgracia ajena cuando la vemos o cuando nos la hacen concebir de forma muy vívida (…) este sentimiento (…) no se halla en absoluto circunscrito a las personas más virtuosas y humanitarias (…) no se halla desprovisto de él totalmente ni el mayor malhechor ni el más brutal violador de las leyes de la sociedad (…) Como carecemos de la experiencia inmediata de lo que sienten las otras personas, no podemos hacernos ninguna idea de la manera en que se ven afectadas, salvo que pensemos cómo nos sentiríamos nosotros en su misma situación (…) nos vemos afectados por lo que siente la persona que sufre, al ponernos en su lugar”.

Es muy interesante ver que estas reflexiones intuitivas basadas en la observación y hechas hace más de dos siglos coinciden, básicamente, con lo que actualmente se sabe sobre el comportamiento humano. Así, Frans de Waal, en El mono que llevamos dentro (2005) defiende que somos “monos bipolares” y que “la visión que nos retrata como egoístas y mezquinos, con una moralidad ilusoria, debe revisarse. Si somos esencialmente antropoides (…) o al menos descendientes de antropoides, entonces nacemos con una gama de tendencias, desde las más básicas hasta las más nobles. Lejos de ser un producto de la imaginación, nuestra moralidad es el resultado del mismo proceso de selección que conformó nuestro lado competitivo y agresivo”.

Por eso, somos egoístas y, a la vez, compasivos. Y por eso, Smith estudia el egoísmo y también la compasión o la empatía. Es decir, la capacidad de ponernos en el lugar de los demás es una de las cuestiones a las que Smith le dedica una gran atención, llegando a precisar que hay otro sistema que “intenta explicar el origen de nuestros sentimientos morales a través de la compasión pero que es diferente del que he procurado exponer ya que defiende que la virtud consiste en la utilidad”.

Economía, justicia y prudencia

Es decir, Smith se desmarca de la utilidad como base de un comportamiento virtuoso o deseable e insiste en que “el hombre prudente mejora lo propio sólo cuando no afecta injustamente a los demás”, haciendo de la justicia la base de todo el sistema. Por eso llega a afirmar que “en la carrera hacia la riqueza…él podrá correr con todas sus fuerzas (…) Pero si empuja o derriba a alguno, la indulgencia de los espectadores se esfuma. Se trata de una violación del juego limpio, que no podrán aceptar (…) la sociedad nunca puede subsistir entre quienes están constantemente prestos a herir y dañar a otros (…) La beneficiencia, por tanto, es menos esencial para la existencia de la sociedad que la justicia. La sociedad puede mantenerse sin beneficiencia, aunque no es la situación más confortable; pero si prevalece la injusticia, su destrucción será completa (…) La beneficiencia…es el adorno que embellece el edificio….La justicia, en cambio, es el pilar fundamental en el que se apoya todo el edificio. Si desaparece, entonces el inmenso tejido de la sociedad humana…en un momento será pulverizada en átomos”. Esta distinción entre benevolencia, o caridad, y justicia es, desde mi punto de vista, de una gran relevancia en un momento en el que se ha definido a la familia como una ONG y en el que parece que la “solidaridad” está muy bien para “tapar” u ocultar la injusticia intrínseca a un sistema económico y la injusticia de una situación definida como crisis pero que en un lenguaje más preciso no es nada más que un saqueo de lo público y de los derechos sociales y humanos por parte de los empresarios, algo que tampoco es ajeno a lo que ya observaba Adam Smith en su época. La diferencia consiste en que ahora se utiliza una supuesta situación “democrática” para “legitimar” el citado saqueo, “por el bien de todos”.

Los efectos dañinos de los beneficios elevados

Quizás sea esa insistencia en la importancia de los “sentimientos morales” y su enojo con el comportamiento de los empresarios la que le hace expresarse con una virulencia que, desde mi punto de vista, refleja la enorme lucidez que no se ha querido ver en el Smith “etiquetado” como el “inventor” de la mano invisible. En este sentido sus reflexiones sobre el comportamiento de los empresarios, recogidas en La riqueza de las naciones, publicado en 1776, son antológicas y de una enorme actualidad. Por ejemplo, es poco conocida su crítica a los empresarios por quejarse éstos habitualmente de que la economía vaya mal debido, según ellos, a los altos salarios, excusa que se sigue repitiendo una y otra vez en una situación cuya causa original nada tiene que ver con salarios elevados, por lo que no están dispuestos a reconocer que los elevados beneficios pueden ser un problema más serio. “Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los altos salarios, porque suben los precios y por ello restringen la venta de sus bienes en el país y en el exterior. Nada dicen de los efectos dañinos de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre las consecuencias perniciosas de sus propias ganancias”.

¿Les suena esto? Parece muy apropiado para contextualizar las recientes reformas laborales, incluida la de Zapatero. De hecho, da la impresión de que no es necesario saber nada de economía pues, sea cual sea la causa del problema a resolver, la solución impuesta por los diferentes gobiernos (da igual que sea el PSOE, el PP o las posibles combinaciones de cualquiera de ellos con los partidos llamados nacionalistas) siempre consiste en bajar los salarios y las pensiones. ¿A qué gobierno le interesa debatir y profundizar honestamente sobre las causas del saqueo pudiendo bajar salarios y pensiones?

El control de los salarios (y del Parlamento) por los empresarios

¿Y cómo se forman los salarios? ¿Tienen algo que ver con la productividad? No es eso lo que parece pensar Smith pues “los patronos están siempre y en todo lugar en una especie de acuerdo, tácito pero constante y uniforme, para no elevar los salarios sobre la tasa que existe en cada momento. Violar este concierto es en todo lugar el acto más impopular, y expone al patrono que lo comete al reproche entre sus vecinos y sus pares. Es verdad que rara vez oímos hablar de este acuerdo, porque es el estado de cosas usual, y uno podría decir natural, del que nadie oye hablar jamás (…) Los patronos a veces entran en uniones particulares para hundir los salarios por debajo de esa tasa. Se urden siempre con el máximo silencio y secreto hasta el momento de su ejecución, y cuando los obreros, como a veces ocurre, se someten sin resistencia, pasan completamente desapercibidas.”

Por otro lado, sabe que el Parlamento está al servicio de los empresarios. “Los trabajadores desean conseguir tanto, y los patronos entregar tan poco, como sea posible. No resulta difícil prever cuál de las dos partes se impondrá habitualmente en la puja, y forzará a la otra a aceptar sus condiciones. Los patronos, al ser menos, pueden asociarse con más facilidad; y la ley, además, autoriza o al menos no prohíbe sus asociaciones, pero sí prohíbe las de los trabajadores (…) No tenemos leyes del Parlamento contra las uniones que pretenden rebajar el precio del trabajo; pero hay muchas contra las uniones que aspiran a subirlo (…) Además, en todos estos conflictos los patronos pueden resistir durante mucho más tiempo”.

Los intereses empresariales, las reglas y los intereses sociales

Y tampoco quedan muchas dudas sobre lo que según él podemos esperar de las regulaciones y leyes propuestas por los empresarios como hipotéticos interesados en el bien común. Al contrario, lo habitual es esperar de ellos engaños y opresión. En una sabia viñeta de El Roto, un político le dice a otro: “Ya no se creen las mentiras“ y el otro le contesta: “Así no se puede gobernar”. Y, efectivamente, Smith escribió: “ Cualquier propuesta de una nueva ley o regulación comercial que venga de esta categoría de personas (los empresarios) debe siempre ser considerada con la máxima precaución, y nunca debe ser adoptada sino después de una investigación prolongada y cuidadosa, desarrollada no sólo con la atención más escrupulosa, sino también con el máximo recelo. Porque provendrá de una clase de hombres cuyos intereses nunca coinciden exactamente con los de la sociedad, que tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y que de hecho la han engañado y oprimido en numerosas oportunidades”. Más claro parece que no se puede decir y, sin embargo, en Lecciones de jurisprudencia, que constituyen los apuntes tomados por uno de sus estudiantes en el curso 1762/63, llega a afirmar de manera más contundente aún, y posiblemente siguiendo a Tomás Moro en la parte final de su Utopía, que “las leyes y el gobierno pueden ser considerados…, en todos los casos, como una coalición de los ricos para oprimir a los pobres y mantener en su provecho la desigualdad de bienes que, de otra forma, no tardaría en ser destruida por los ataques de los pobres”.

Desde luego estas citas no se corresponden con el Adam Smith que se “despacha” como ese supuesto acérrimo defensor del supuesto mercado libre que, supuestamente, guiaba la mano invisible. Como decía Galbraith refiriéndose a Smith, “pocos escritores jamás, y ciertamente ningún economista desde entonces, han sido tan divertidos, lúcidos o ricos en recursos, o, según el caso, tan devastadores (…) Con su desprecio por los subterfugios teóricos y su vivo interés por las cuestiones prácticas, hubiera tenido dificultades para obtener una cátedra con titularidad plena en una universidad moderna de primer rango”. Por eso animo a leerlo, a disfrutar de su sabiduría y a no dejárselo a aquellos que lo manipulan, bien despreciándolo o bien apropiándoselo, eso sí, sin haberlo leído en ningún caso.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=145466

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